mrcomas http://mrcomas.lacoctelera.net es-es Cultura the-shaker v0.1. More on http://www.the-shaker.com Sara y Agar http://mrcomas.lacoctelera.net/post/2012/10/29/sara-y-agar 2012-10-29T11:07:38+00:00

Capítulo I

Aquella tarde, Sarai (nombre que significa "Dios liberta") se despertó dentro de un baúl cerrado y tuvo que pensar un instante qué había pasado para encontrarse allí. A oscuras palpó las mantas y el cojín que ella misma había metido dentro cuando su marido le obligó a esconderse aquella mañana.

-Hay que ver lo que los hombres nos llegan a exigir -pensó.

Abram temía los conflictos que se organizaban cuando la caravana familiar entraba en un caravasar o se reunía con otra caravana en algún oasis: los hombres desconocidos, guardas o viajeros que la veían, la miraban, la rodeaban, algunos ofrecían dinero para comprarla y se peleaban por obtenerla. Todos hablaban de su belleza y oyó una vez a uno, junto a ella,  decir:

-A su lado todas las mujeres parecen monas.

Menos mal que ella había estudiado idiomas y se podía enterar de casi todo lo que se decía a su alrededor. Así y todo, esto le parecía odioso ¡una exageración! pero cuando alguien sale de viaje -se decía- tiene que prepararse para cualquier sorpresa.

El camello sobre el que se encontraba se detuvo y ella empezó a dar traqueteos dentro de aquel cubilete de dados en el que se había convertido el baúl y comprendió que el animal se arrodillaba y terminaba asentando sus patas traseras en el suelo. Inmediatamente oyó cómo alguien abría la tapa del baúl y vio al camellero ofreciéndole una mano para ayudarle a salir y bajar.

El  sol la deslumbró como era de esperar después de tantas horas de oscuridad. Comenzaban a negrear los montes en el horizonte y las nubes anaranjadas se extendían por toda la bóveda celestial. Las últimas luces del día  iluminaban un valle enorme, sin más límites que los del final de la tierra y también iluminaban la ciudad a la que acababan de llegar. Le pareció una ciudad muy grande, la más grande de las que hubiera visto jamás. Los edificios más altos se encontraban en el centro de todo lo construido y las casitas más bajas frente a una muralla, que tendría la altura de un hombre, separaba y rodeaba el caravasar en el que acababan de entrar. A lo pies del camello ya la esperaba Abram sonriente, al verlo pensó:

-Este hombre no pierde nunca su alegría, cómo Javé le ha dicho "que será padre de pueblos", pues ahí está, tan feliz... y yo tengo el temor de que nuestro Dios se haya equivocado, porque yo ya tengo 50 años, y aquí estoy más fresca que la menta, pero sin hijos y sin un embarazo en toda mi vida.

Abram la abrazó y mirándole a la cara agachándose un poco, le preguntó:

-¿Qué tal tu alojamiento? ¿Te comiste todo lo que te traje? -Sarai respondió:

-Sí, todo, pero a oscuras, hasta que no le daba un bocado a la cosa no me enteraba que era lo que me tenía que traga, ¡anda que!... y el pis... lo peor es que debía hacer pis, menos mal que el pobre camellero ha parado al animalito éste que baila más que un novio el día de su boda, para que yo pudiera bajar a hacer mis necesidades, con razón hemos llegado los últimos de toda la caravana. He dormido todo lo que he podido, pero hay que ver cómo... ¡por favor! no me vuelvas a pedir nunca que me meta en un baúl... ¡ni muerta!

Abram la acompañó hasta unirse con las demás mujeres de la familia y los sirvientes; juntos habían salido muy temprano del último campamento en el desierto y todas la rodearon y le preguntaban por su alojamiento en el baúl y si no tenía dolores por la mala postura que podía haber tenido durante la noche.

Tres guardias del caravasar se acercaron empujándose y preguntando si aquella hermosa mujer estaba en venta (¡lo mismo de siempre!) Abram con su sobrino Lot y otros familiares los espantaban muy disgustados y humillados por el asedio de los guardias, que cuando comprendieron que Sarai era una persona importante en su caravana, aseguraron que tenían la obligación de llevarles al palacio del Faraón. Un camellero, que se les unió en el último campamento, se acercó a instancias de Abram y les fue traduciendo lo que los guardias decían:

-Ustedes son extranjeros y lo único que pueden demostrar con los documentos que enseñan es que son originarios de la tierra de Ur. Nosotros no tenemos competencias para ordenarles nada, el Faraón decidirá qué será de todos ustedes.

Y así hicieron. Nuestra pareja, junto a Lot y la doncella personal de Sarai, fueron conducidos, acompañados por dos soldados al palacio del monarca del gran Egipto, el resto de la caravana, junto con los animales, quedaron en el caravasar.

Los soldados hablaron con la guardia de una puerta lateral del palacio y entraron a una antesala del salón del trono, donde el Faraón hacía justicia, atendía las informaciones que le daba su Primer Ministro y las demandas, que sólo él podía resolver, de sus ciudadanos. De camino a palacio Abram dijo a su esposa en voz baja:

-Delante del Faraón y demás autoridades deberíamos decir que somos hermanos de padre ¡Gracias le sean dadas a nuestro padre Taré, que en gloria esté!  Porque puede que el monarca se enfade al saber que no eres una mujer libre y nos mande matar. -Sarai se encogió de hombros.

En aquella sala permanecieron unas tres horas esperando y, en la espera, Abram y algún otro se quedaron dormidos, de puro aburrimiento y cansancio, sentados en un banco de obra que ocupaba tres paredes de las cuatro que tenía la sala, en la cuarta había dos puertas y por una de ellas habían entrado. Sarai lo observaba todo porque ¡con aquel silencio! ¿qué otra cosa se podía hacer?

Cuando fueron llamados por un ujier del salón de justicia, se levantaron todos y entraron. Se trataba de un gran espacio rectangular que sujetaba el techo con columnas y sus paredes estaban decoradas con figuras humanas y animales, de los que unos iban y otros volvían en estático caminar; La cabecera del salón quedaba señalada por un estrado de mármol rosa, donde en un gran sillón dorado cubierto de cojines, se hallaba sentado el Faraón que los miraba con curiosidad. Varios visires, consejeros y siervos rodeaban al monarca.

-Ninguno de ellos tiene la postura de brazos y piernas como los de los personajes pintados en las paredes -pensó Sarai.

Todos vestían de lino blanco e iban adornados con joyas: collares, pulseras, broches y anillos de oro y pedrería, el Faraón era un hombre delgado y muy moreno, llevaba el pelo largo hasta los hombros, la corona blanca con el cintillo de la cobra sobre su frente, símbolo de su dignidad, el torso desnudo y una falda corta, cruzada y ajustada a sus caderas. En las manos sostenía el báculo y el flagelo, símbolos de su autoridad. Cubría su espalda con una piel de leopardo, que sujetaba uniendo una garra delantera y otra trasera del animal, desde el lado derecho del cuello del monarca a la axila izquierda. Calzaba unas ligeras sandalias de piel de cabra.

En silencio y con la cabeza baja, según les habían aleccionado, se acercaron al trono y se arrodillaron. Eran el centro de atención de todos los cortesanos porque los visitantes ya habían salido. Posiblemente -pesó Abram- el Faraón deseaba hablar con ellos sin testigos.

(continuará)

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La mujer de Lot. http://mrcomas.lacoctelera.net/post/2012/10/15/la-mujer-lot 2012-10-15T10:11:44+00:00

-Parece mentira, ya llevamos cinco años en esta ciudad... Lot compró las tierras y plantó almendros que crecieron con nuestras niñas. ¡Que hombre tan bueno tengo! ¡tan trabajador, tan buen padre y esposo! ¡con tan buen carácter! Nunca nos faltó de comer siempre tuvimos nuestro pan en la mesa y hortalizas, verduras... ¡anda que no cuida la huerta!... algún huevo de nuestras gallinas... todos los años compra nuestro corderito para la Pascua. -Pensaba la mujer de Lot mientras lavaba.

Es joven todavía, delgada y nervuda. Tiene el cabello  negro y ensortijado, nariz aguileña, grandes ojos muy oscuros y piel suave. Va descalza. De pronto oye un ruido dentro de la casa y se endereza junto al pilón de piedra lleno de agua y ropa. Escucha.

-Mujer, soy yo, sal enseguida, me acompaña un viajero ¡Es urgente, ven!

Ella se seca las manos con un trapo, deja caer la parte inferior de la túnica que había remangado para no mojarla. Cubre su cabeza con una tela que quedó sobre un banco de madera aquella mañana y corre al encuentro de Lot, éste la espera en la cocina a la entrada de la casa; una casa de adobe, no muy pequeña, con una cocina amplia. Lot parece preocupado y otro hombre le acompaña.

-¿Dónde están las niñas? -pregunta el marido.

-En el huerto, ¿qué pasa?

Lot es un hombre todavía joven, alto y fuerte; su cara está tostada por el sol y cubre su cabeza con un turbante liviano.

-Cariño, llama a las niñas porque -ahora te lo explicaré todo- este viajero ha estado recorriendo la ciudad y hablando a todo el mundo en nombre de El Señor. Tú no te lo puedes imaginar porque nunca sales de casa, pero créeme, la gente se reía de él y siguieron burlándose de nosotros según acostumbran en esa vida que llevan disipada, egoísta e impúdica.

-No salgo de casa porque tú no me dejas -respondió la mujer con gesto de cansancio.

-No te dejo por el tipo de gente que nos rodea, pero ahora no es momento de discusiones. A este viajero han estado a punto de violarlo y matarlo, en vista de lo cual,  ofrecí a cambio de sus planes ¡gentuza! a nuestras hijas a fin de salvar la dignidad y la vida de nuestro huésped ¡El Señor nos libre de faltar a su ley de hospitalidad!  Este forastero rehusó mi oferta, de la que se reían, y dijo en voz alta para que todos le oyeran, que el Todopoderoso mandaría a la ciudad un gran cataclismo: fuego, terror y muerte si no volvían a su Ley. Date prisa, ve a por las hijas y salgamos enseguida de la ciudad en su compañía.

-¿Estas en tu juicio esposo? ¿Qué dices? ¿Ofreciste a mis hijas? -se echó las manos a la cabeza- Además, ¿qué me estas diciendo? ¿Abandonarlo todo? ¿Para ir a donde?

El forastero había estado en silencio durante toda la conversación y tomó la palabra:

-Haz caso a tu marido mujer, es cierto todo lo que dice, me envía El Señor para salvaros del horror y la muerte. Sois las únicas personas justas en la ciudad.

Ella lo miró y sintió que el viajero desprendía una gran paz y su rostro emanaba un suave resplandor que inundaba la habitación. Se estremeció. Lo que había escuchado era cierto.

Lot pidió al huésped que se sentara y le ofreció agua fresca en un jarro pequeño de barro.

Volvió la mujer con las muchachas. Las había encontrado en el huerto, como pensó, y venía contándoles las terribles novedades.

-Lot -preguntó la madre- tendremos que llevar algo ¿no?, aunque sea lo más personal y necesario para el viaje. ¿Podemos llevar el asno? ¿Sí? Pues cárgalo con las pieles de ovejas de las camas y cualquier prenda de abrigo que veas: mantos de lana y esas cosas. Niñas tomad estos chales y guardad cada una en el suyo las jofainas, ropa, peines y esas cosas. Yo llevaré cuanto pueda de comida y un cántaro grande de agua en las alforjas del burro. Todos se aplicaron a su tarea.

Al poco el forastero se puso de pie diciendo:

-Daos prisa que el tiempo apremia.

Fuera de la casa se oía la música, los gritos y las risas de la fiesta que los vecinos habían montado en la plaza.

Todos estaban dispuestos y el burro cargado. Lot le echó una tranca grande a la puerta y salió por una ventanita de la parte posterior. Cuando estuvo junto a ellos les dijo:

-¿Llevamos todo lo necesario? -las mujeres asintieron- pues vámonos.

-Un momento -dijo el forastero- una cosa muy, muy importante: saldremos de la ciudad e iremos caminando hacia el lugar elegido para vuestro asentamiento. Durante la marcha, oigáis lo que oigáis, sintáis lo que sintáis, no podéis volver la cabeza atrás, ¿lo oís? ¡No volváis la cabeza atrás! porque el que lo haga quedará paralizado y convertido en estatua de sal. ¿Lo habéis oído?  -asintieron- ¿todos? -volvieron a asentir.

Comenzaron a caminar. Abrían la marcha el Enviado acompañado por Lot y la madre con las muchachas detrás. Ellos en silencio, tal vez preocupados, y las dos hijas haciendo preguntas a la madre sin parar, quitándose la palabra de la boca la una a la otra. Muy alegres porque era la primera vez que salían de su ciudad y de su casa, ya que el padre les prohibía salir por la inseguridad de la calle. Ambas expresaban una gran alegría que compartían con miradas confidentes. Debían llevarse poca edad pues poca era la diferencia de estatura; las dos eran morenas con grandes ojos negros muy expresivos y largos cabellos. Estaban convencidas de que la madre lo sabía todo.

Subían por una suave colina pedregosa, cuando los hombres se pararon  esperando que las mujeres los alcanzaran. Cuando las tuvieron al lado, Lot les dijo:

-Como veis me he controlado para no volver la cabeza, ahora, al llamaros. ¡No se os ocurra a ninguna mirad atrás! ¡Por favor! También os pido que ahora vayáis las tres delante de nosotros para que podamos verlas durante todo el camino ¡Venga, seguid caminando! ¡Todo adelante!

Las tres mujeres continuaron andando seguidas de los hombres. Las chicas muy pegadas a la madre. La madre llena de dudas sobre la suerte de aquel cambio de vida, cabizbaja aguantaba el peso del fardo y el dolor de los pies ocasionado por las pequeñas piedras del camino, pensó en su casa, en el puchero que quedó en la lumbre y en la ropa sin lavar dentro del pilón, recordó a sus gallinas: escaparían en busca de alimento hasta caer en la olla de cualquier vecino. Poco a poco su cara iba llenándose de lágrimas. Pensó en sus almendros:

-¡Llenos de flores, son tan hermosos! ¿Se verán desde donde estamos? Llevamos subiendo un rato, tal vez  se vean todavía.

Paró y volvió la cabeza mirando a lontananza. -No, ya sólo se ve el pueblo, incendiado y cubierto de humo.

Sintió como si un torbellino de aire y luces la arrastrara sin poder evitarlo, girando y girando hasta sentirse cubierta de fríos cristales pegados a todo su cuerpo. Enseguida los cristales fueron sustituyendo su carne y sus huesos, luego el interior de su vientre, de su pecho y al final de su cerebro.

Aquella madre y esposa quedó convertida en estatua de sal con los pies hundidos en el suelo. Nadie jamás conocería su nombre.

M.R. Comas (15-10-2012)

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EVA http://mrcomas.lacoctelera.net/post/2012/10/08/eva 2012-10-08T12:28:44+00:00 Flaca por un hambre antiguo, quemada por muchos soles, arrugada por vagar durante años por muchos montes de viento y parajes desérticos, Eva, sentada a la orilla del Éufrates, con los pies dentro del río, contemplaba cómo el agua chocaba contra sus tobillos y límpida y ruidosa siguía su recorrido. La serpiente, enroscada y dormida a sus pies, sesteaba tras deglutir alguna rata poco precavida

-¡Fiel compañera! Desde aquel día aciago en el que perdiste tus alas y caiste a tierra, arrastras tu vientre, según el deseo y voluntad del Hacedor. Él sabía cual sería nuestra respuesta a su mandato (¡es omnipotente!), pero no le importó- El Creador dijo con voz fuerte:

-Tomaréis frutos de todos los árboles, pero de éste que está en el centro del Edén, de éste ¡no! Es el árbol del bien y del mal y de él no comeréis- Conocía bien lo que iba a pasar y no le importó. Caimos en tentación y nos expulsó añadiendo: -Tú, Adán, trabajarás con el sudor de tu frente o no comerás. Tú, Eva, parirás a tus hijos con dolor. Y tú, serpiente, te arrastrarás durante toda tu vida.

-A instancias del reptil comí y di a probar al hombre. ¡Era tan baladí lo que nos prohibía! ¿Por qué tan enorme castigo? Hasta su muerte Adán me culpabilizó, pero yo no creí sus palabras. ¿Cómo podía pensar que aquella ley nos acarrearía tanta desgracia? Era muy joven y acababa de llegar a nuestro maravillos jardín.

-¿Por qué pidió Adán al Hacedor una compañera si no la necesitaba? ¡No me valoraba! Muchas veces, cuando se enfadaba conmigo sacaba siempre a colación la expulsión, culpándome de que yo, no sólo había comido contraviniendo la ley, sino que le hice comer a él también. A veces se reía de mí y señalándome decía: -¿Y tú de donde vienes? ¡Te sacó de mi costilla!- La serpiente seguía durmiendo, Eva la miró y le dijo: -¿Por qué se te ocurrió tentarme? ¿Qué mal espíritu entró en tu cuerpo?- El reptil abrió un ojo, la miró y volvió a dormirse.

-Más tarde ¡Caín mató a Abel! ¿Les perseguía aún el Hacedor? ¿Por qué Caín estaba tan celoso? Ofrecía al Creador lo mejor de sus cosechas pero Él prefería las ofrendas de Abel... ¿Le gustaría más la carne que las verduras? Adán decía que El-que-es, no necesita comer ¡Es imposible comprenderlo!

Sintió frío y cruzó los brazos sobre el pecho. El sol estaba bajando y en su ardor teñía de negro las lejanas montañas, el agua seguía su viaje y la serpiente nadaba refrescando su piel. Un perfume intenso de hierbas olorosas se extendía por doquier. Oyó lejanas voces y risas:

-Mis hijos juegan con sus hermanas. Han nacido varios niños: hijos de mis hijas; todos nacieron con el terrible dolor de parto según lo anunciado.

Se puso en pie y comenzó a andar hacia la cueva. La serpiente había salido del agua y reptaba junto a sus pies. Eva pensaba:

-La vida conlleva mucho sufrimiento, incomprensión y soledad, pero aún en el exilio el sol aparece cada mañana haciendo surgir de la oscuridad: montes, árboles, animales, plantas y va pintando de violeta las nubes. Al llegar la noche la luna lo ilumina todo y cuando mengua o desaparece, el negro techo de la noche se llena de pequeñas luces lejanas que me invitan a dar gracias por tanta belleza.

M.R. Comas (Palma de Mallorca: 08/10/2012)

P.D. Cómo véis he cambiado su anterior formato a la de relato. Creo que es lo adecuado.

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SALUDO http://mrcomas.lacoctelera.net/post/2012/10/06/saludo 2012-10-06T21:04:39+00:00 Querido amigos, aquí estoy de nuevo. En este verano de calor y visitas familiares, mi cerebro no era capaz de crear nada nuevo con un mínimo de belleza u originalidad. Pero por ello me sentía seca y torpe.

Hace unos diez días tuve la idea de componer unos poemas (o relatos, ya veremos), sobre las protagonistas femeninas de la Biblia y hoy puedo dejaros la primera: EVA, cuyo nombre significa Vida.

Espero que os guste y espero que yo sea capaz de componer uno tras otros estos personajes. Creo que todas estas mujeres son encarnaciones de casi todas las personalidades femeninas, de su papel en la familia y en la sociedad y del machismo imperante durante siglos.

Un abrazo.

M.R. Comas

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TEMBLAR http://mrcomas.lacoctelera.net/post/2012/05/19/temblar 2012-05-19T11:38:11+00:00 Tiembla el pájaro en la jaula,

y la dulce niña

en un rincón, en inocente juego,

a la espera del hermano

que busca su escondite.

 

Tiembla la hoja en la rama

y la amante en el ardiente abrazo,

tan deseado, de su amado,

que al mismo tiempo tiembla

al sentirla suya.

 

Tiembla el lobo en la nieve

a la espera de una presa

donde clavar sus colmillos,

y tiembla la mano asesina

del que espera tras una esquina

el paso atrevido

de un viandante en la noche.

 

Tiembla la luz al rayar el alba

y la tierra que, en continuo desarrollo,

arroya y sepulta,

sacudiéndose de encima

cuanto se le antoja extraño.

 

Tiembla el pobre en su pobreza,

zarandeado por cuanto necesita

y no alcanza. Tiembla

de frío en la noche

y de hambre a cada instante.

Tiembla azotado por la injusticia,

incapacitado por sus circunstancias,

excluido por sus iguales,

condenado por su conciencia,

hundido, impotente, aterrado.

 

M.R. Comas (19-05-2012)

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BÚSQUEDA http://mrcomas.lacoctelera.net/post/2012/04/27/b-squeda 2012-04-27T11:12:24+00:00 Buscamos a ciegas países de ensueño,

campos floridos,

cumbres resplandecientes,

túnicas de seda,

ojos luminosos,

sonrisas,

brazos de acogida y descanso,

alegría en los otros,

sueños felices y realizables,

música embriagadora,

colores excitantes,

cercanías, amistad, amor...

y poco a poco comprobamos

que la vida es otra cosa,

que los deseos se frustran,

que los sueños se apagan,

que el amor muere,

que mueren los que amamos,

que el desamor se extiende

en un mundo descarnado,

que muchos ya sólo sienten hambre,

que el día buscado no llega

y la bella flor del cactus

vive un día y es la única de todo un año.

 

M.R. Comas (27-04-2012)

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HAIKUS - IV http://mrcomas.lacoctelera.net/post/2012/03/13/haikus-iv 2012-03-13T06:28:09+00:00 Todas las cosas

eran, cuando me amabas,

maravillosas.

.

Como las nubes

de colores vetías

mis ilusiones.

.

Cuando me amabas

las mañanas tenían

sabor de besos.

.

Entre tus brazos

tus manos deshacían

miedos callados.

.

Te amaba tanto

que borré de mi vida

lamento y llanto.

.

Hasta las aves

en un temblor cantaron

al amor muerto.

M.R. Comas (marzo 2012)

 

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HAIKUS - III http://mrcomas.lacoctelera.net/post/2012/03/05/haikus-iii 2012-03-05T19:13:25+00:00 Rompen las olas

contra las duras rocas

una tras otra.

.

El sol salía

y púdica la luna

se escondía.

.

Frente a mi cama

el mar con sol poniente

¡Qué trampantojo!

.

Cuando me miras,

tus ojos se esconden

tras tu sonrisa.

.

Cuando mi miras,

los ángeles del cielo

tocan sus liras.

.

Cuando me miras,

tierra, soles y mares

para mi brillan.

 

M.R. Comas (febrero - 2012)

 

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RÁFAGAS http://mrcomas.lacoctelera.net/post/2012/02/26/r-fagas 2012-02-26T06:38:38+00:00  1.- Avanzas con pesados pasos, cabizbajo, con el esfuerzo de llevar tus pensamientos sobre tus hombros.

¿Has vuelto a lo que eras?... sí, a aquellos tiempos de sube y baja, de ser y no ser, de tener y no tener, ¿recuerdas? Te escondías y te encontré tras tu silencio.

Ahora vas y vienes, y cumples tus propósitos como yo los míos.

Frente a frente, me miras en un escueto saludo y expresas pérdidas... como entonces.

 

2.- Hay una cavidad donde duele el alma, un abismo nunca habitado, y quiero encontrar en  su vacío alguna pequeña luz.

Olvido la esencia escondida tras lo tangible por aquello que, revestido de realidad, impedía la visión de la diana a una flecha sin arco, y el intento se pierde en el infinito.

Pasó el tiempo, que pudo y no pudo ser, y el pasado, con puertas infranqueables, cierra el paso al deseo de regreso.

M.R. Comas (26-02-2012)

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ANOCHECE http://mrcomas.lacoctelera.net/post/2012/02/19/anochece 2012-02-19T19:34:48+00:00 Se está imponiendo la noche.

Poco a poco se van encendiendo luminarias

de unos hogares que esconden personajes,

sus historias, sus dolores...

Un techo de nubes nos separa del más allá

y nos cobija.

El rumor de las olas, el ladrido de los perros

y las voces y risas de los que se sientan

a dejar correr el tiempo,

llenan de vida la tarde.

La noche es sorda,

no puede oir los estertores

de la tarde.

La noche es muda,

y su silencio se extiende

apagando sonidos, colores

y luces.

Pero la noche es benigna,

acoge el cansancio,

despliega posibilidades

e invita a soñar.

M.R. Comas (febrero-2.012)

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