CAÑADA DE LA MUERTE (en el día de la mujer: recuerdo a Maimona)
Junto a la fuente, descalza,
una mujer morena
ya no joven, algo gruesa,
ata contra sus espaldas,
con fuertes cuerdas,
la gran vasija de barro
panzuda y fresca.
.
Anchos pies, sencillo caftan
de un azul descolorido.
En la cabeza,
se enredan con sus trenzas
largos flecos de un pañuelo.
.
No tuvo hijos,
cría a una sobrina
de negros ojos,
grandes y dulces
como dátiles maduros.
.
Se siente yerma.
Agradecida a su amparo,
como un perro,
besa la mano del marido,
que la golpea
cuando se gasta la paga
de soldado retirado,
en unos vasos de vino.
.
Cañada de la Muerte.
Barrio para no vivir.
Cal, polvo, añil.
Miseria.
Niños descalzos,
gritan y pelean,
contemplados
por la seca mirada
de viejas sentadas
ante sus puertas.
.
Pesa la tinaja.
Se incrustan las cuerdas.
Se clavan las piedras.
La niña la sigue
saltando contenta
con una arropía
que mancha de fresa
su boca y su lengua.
.
Maimona camina
va lenta, muy lenta.
La vida es cañada.
La muerte liberta.
M.R. Comas


Laura dijo
¡Ay, Rosa, cómo hubiera querido haber visto este poema en el día de la mujer!
Me impresionó hondamente. Gracias por publicarlo.
30 Mayo 2010 | 03:27 AM