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La Coctelera

mrcomas

14 Noviembre 2010

EL DORADO.

Sentada en el borde de la cama y con las manos entrelazadas sobre el regazo, Sahara observa desolada la habitación. Sus pensamientos la atenazan como cada mañana:

-No puedo abrir los postigos de la ventana  desde hace días, con dos cristales rotos, entra un frío afilado como el cuchillo de un matarife. La luz ha de estar encendida desde que me levanto, pues con todo cerrado, la oscuridad de la noche queda dentro y no puede salir. ¡Una bombilla colgando de un asqueroso cable! Abdelcader la sujetó a la pared con una alcayata el primer día, y nunca hemos visto aquella hermosa lámpara que iba a comprar, ¡una mierda de bombilla que da una mierda de luz amarilla! seguro que es la más barata que encontró... ¡El único adorno! Pero, tenemos los rayados negros, rojos y azules en la pared, llegan hasta la altura que alcanza la mano de Sanán con el brazo extendido. Pintar paredes es su entretenimiento preferido... ¿Y las sábanas?, están que dan asco, pero la dichosa lavadora se rompió, ya ni me acuerdo cuando, y maldita las ganas que tengo de lavar sábanas en la pila de fregar los platos o en la bañera vieja y desportillada, ¡termino con un dolor de riñones! La mesa que mi querido marido sacó de la casa de no sé que buen intencionado amigo, no puede estar peor, con las esquinas gastadas dejan ver el conglomerado, ¿y la trona de Sanán?: ¡una mesa de pino, de las que visten y llaman camillas!, sentado en ella ha tomado su vaso de té verde con pan esta mañana porque no llega a la mesa si lo siento en una silla; ¡que mobiliario! una silla desencolada de madera y anea, y otra de oficina  con parte de la goma-espuma del asiento saliendo por cada uno de los cortes de la semi-piel negra, ¡todo de los contenedores de basuras! ¿Y cómo está el suelo?  el linóleo falta por varios lugares. Para qué limpiar si vamos a mudarnos de casa. El dueño tiene vendida la finca y mucha prisa para que nos vayamos, dice que nos encontrará una de bajo alquiler. Las demás familias ya se marcharon hace tiempo, y solo quedamos nosotros.

Hamed, de tres años, juega a dar vueltas a las ruedas de un camión de plástico amarillo sentado en el suelo. A Sanàn, de seis, se lo ha llevado su padre a la escuela como cada mañana.

-Abdelcader andará buscando trabajo allí donde tenga algún conocido. Es un buen hombre, cariñoso con los niños, ¡si no fuese por ese vicio terrible del juego!  El dinero en sus manos es como agua, se le escapa entre los dedos, y al final apenas queda nada para la casa y los niños. Mientras le duró el empleo en el restaurante, el dueño, que es una buena persona, le daba cada día un montón de cosas, queso, fruta, restos de la cocina... pero el trabajo se terminó con la temporada de los turistas, y ahora vuelta a empezar. Abdelcader sabe trabajar bien y es capaz de hacer muchas cosas, es sastre, sabe cocinar, está dispuesto a hacer de peón de lo que salga, pero en Fez no encontraba nada.

De España venían los vecinos por Ramadán, con sus coches cargados de regalos para la familia, hablaban de lo bien que les iba, de lo bien que vivían, pero todo el mundo sabe que nadie quiere contar las cosas malas. Algunos, como Abdelcader, buscaron una esposa y volvieron casados, pero en los seis años que llevamos en España, nada ha resultado como esperábamos.

Sahara mira a su hijo y se le ilumina la cara con una sonrisa.

-¡Hamed!, ¡es tan precioso y tan cariñoso!, ¡sus hermosos ojos siempre sonríen!  Me preocupa mucho que aún no hable y que camine con tanta dificultad. Cuando nació dijeron los médicos que tenía dañado el cerebro y que tal vez no caminaría nunca. ¡Ya ves! Por lo menos en este país tienen un servicio de médicos y estimulación gratuitos.

También acudí a los asistentes sociales del barrio y de la iglesia cristiana, me dieron algo de dinero y comida cuando Abdelcader estuvo sin trabajo, pero cuando encontraba un empleo se acababa la ayuda, y yo ¿cómo iba a decir que mi marido apenas traía dinero a casa, que se lo gastaba en el juego? ¡qué vergüenza mas grande! ¡mejor muerta! Cuando ha tenido dinero, siempre lo ha dejado en las máquinas de juego o en el bingo, el dinero le quema en los bolsillos. Yo lloro, discutimos, él se desespera, me dice que no le comprendo, que espera traer algún día un montón de billetes para mí y para los niños. Y yo no puedo trabajar, tengo que cuidar de Hamed y llevarlo al médico, y ¡se enferma con tanta frecuencia! ¡Que trampa de vida!

Vuelve a sonreir al niño.

-¿Qué hacemos Hamed? ¿nos damos un paseo? Puede que en la calle luzca un hermoso sol y nosotros aquí con la bombilla encendida y muertos de frío. Vamos a ponernos guapos y abrigaditos. ¿Ves?  tú tienes una bonita chaqueta caliente y tus botitas. Mamá se pone este grueso jersey, un pañuelo a la cabeza y las pulseras y los anillos de oro que me regaló papá cuando nos casamos, ¡son nuestra única fortuna, el seguro para volver con los nuestros si algún día hiciera falta! Venga, nos damos un paseo, vemos los escaparates, y a la vuelta te prepararé un poco de masa frita con azúcar, que tanto te gusta, y nos tomaremos un vasito de té muy dulce y muy caliente.

Rosa Comas (1985)

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4 comentarios · Escribe aquí tu comentario

TERESA santomil gonzalez

TERESA santomil gonzalez dijo

UN ABRAZO QUERIDA... BONITA HISTORIA

14 Noviembre 2010 | 05:54 PM

María Rosa Comas Cerdá

María Rosa Comas Cerdá dijo

Muchas gracias Teresa, esto es el pan de cada día. Un beso.

14 Noviembre 2010 | 06:42 PM

Pedro

Pedro dijo

Me gusta como describes el espacio y la situación

22 Febrero 2012 | 04:21 PM

María Rosa Comas Cerdá

María Rosa Comas Cerdá dijo

Muchas gracias Pedro, me alegra mucho que te haya gustado.

22 Febrero 2012 | 05:01 PM

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