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La Coctelera

mrcomas

12 Agosto 2011

JUANITA.

¡Si se pudiera controlar la mente!... porque estos viajes en el tiempo a los que la mente me lleva... ¡hala! al pasado sombrío, ¡hala! de nuevo al presente monótono y repetido. ¡Hala! al mañana incierto: lo desconocido, lo amenazante... y de nuevo a lo cotidiano.

Sentada ante el televisor apagado, se mecía en la butaca de balancín, con los pies descansando sobre el mullido cojín de una banqueta. Acababa de hacer su cama con sábanas limpias y había puesto la lavadora. Había pasado un plumero por los cachivaches que adornaban el aparador, la librería, las mesitas y había regado las plantas, sedientas siempre, de la pequeña terraza.

Lo que toca a continuación es darme una ducha, vestirme (¡tengo tanta ropa!... años y años de costura... ¡Cuánto me entretuvo siempre la costura! con cualquier retal te puedes hacer una falda o una blusita), y ¡a la calle! ¡a desayunar!  Mato unos cuantos pájaros de un tiro: doy un paseo, me tomo un rico café con leche ( lo hacen como a mi me gusta), y mi media rosca de pan con tomate, buen aceite de oliva y ese jamoncito que resucita a un muerto... y en mi bar de siempre, donde todo el mundo me conoce. A la vuelta, hago mis compritas. Siempre falta algo en las casas: leche, o aceite, o algo de fruta y verdura... ¡Ya ves, bonita, en las casas no se para y cada día hay que hacer algo!... Menos mal que pedí la jubilación anticipada, porque ¡entré a trabajar en el Ayuntamiento cuando tenía 15 años y no sabía hacer una O con un canuto!

¡Venga mujer, déjate de monsergas y ponte en marcha!... ¡Es que mi vida!... ¡hay que ver mi vida! ¡La paciencia que había que tener con mi madre, la pobre... ¡nunca estaba satisfecha de nada, siempre quejándose! Desde que nací: Juanita por aquí, Juanita por allá... ¿Hiciste aquello que te dije? ¡Qué tranquila eres mujer, todo lo dejas para mañana! ¿Yo?, ¿dejar las cosas para mañana?, cualquiera dejaba para mañana algo que a ti te interesara, eras capaz de estar recordándolo toda la semana. Aquello de: ¿qué puedo esperar de ti? ¡Menuda vejez me queda que pasar! Y... cuando naciste pensé que después de tres varones una chica me aseguraba los cuidados de mi vejez... llevo treinta años intentando que se te meta en la cabeza que Dios te mandó a esta casa para que tu madre tuviera una vejez sin fatigas, que eras... ¡el báculo para mis achaques!... Mamá cariño, así hasta que te fuiste de este mudo a los noventa y cinco años... ¡toda mi vida igual!... Yo no digo que no me quisieras, pero hija, hacías todo lo posible para amargarme la existencia.

¡Venga! ya no hablo más que me voy a volver loca. Yo a lo mío: mi paseo y mi desayuno... que te lo puedo asegurar Juanita, te lo mereces.

M. R. Comas (Palma: 12-08-2011)

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