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La Coctelera

mrcomas

22 Noviembre 2011

MATALASCAÑAS (HUELVA)

El día 11 volví de Matalascañas (Huelva), a donde fui con una amiga en un viaje de INSERSO. Estuvimos diez días, que para mí son demasiados, ya que una vez conocido el lugar, siendo el hotel bastante corriente y la comida de poca calidad, con una semana hubiera tenido suficiente, pero a Matalascañas tenían que ser estos diez que os digo. El lugar me gustó, es por lo único que me alegro haber ido. Este pueblecito, eminentemente turístico, se encuentra en la desembocadura del Guadalquivir y tiene una bahía impresionante, amplísima, toda ella de playa de fina arena. Por pertenecer al entorno del Parque de Doñana es zona protegida rodeada de un parque de pinos piñoneros y otro, también enorme, de dunas cubiertas de vegetación de monte bajo: plantas aromáticas: romero, tomillo, lavanda, etc. y una especie de arbolitos enanos con forma cónica que no tengo idea de cómo se llamarán. Debido a todo esto, existen pocos hoteles y edificios de apartamentos, tiene un núcleo comercial con bares y cafeterías, cerrados en su mayoría en esta época, y una gran extensión de chalecitos muy blancos y con tejados rojos y amarillos y jardín, que en verano debe ser un hervidero de criaturas. Los tres primeros días fueron tormentosos, con mucho viento y fuertes chaparrones, un mar embravecido y el hotel a rebosar de mayores medio sordos, hablando a gritos.

Hice tres excursiones: una a Niebla, un pueblo medieval de Huelva, que yo no conocía ni por el nombre, rodeado de una alta muralla y contiene un castillo. Muy interesante. Parece ser que llegó a ser reino. Una gran sorpresa. También fuimos a ver el monasterio de la Rábida, el mismo en el que se alojara Cristóbal Colón a su llegada a España, proveniente de Portugal, buscando a dos franciscanos residentes, que tenían acceso a la corte de los Reyes Católicos. Se trata de un monasterio pequeño de estilo mudéjar, cuidadísimo todo él y todo lo que contiene, su claustro cubierto de flores y plantas ornamentales sin una mota de polvo en sus hojas. En el puerto de Palos vimos una réplica de las tres carabelas: la Pinta, la Niña y la Santa María que como siempre me dejan atónita al pensar la temeridad de sus tripulantes al lanzarse a un océano desconocido en aquellos cascarones. Y la tercera excursión, invitados por una empresa de ventas variopintas (desde colchones hasta aceites corporales), que después de dos largas horas de conferencia y venta, nos llevaron a visitar un palacio del Parque Nacional, precioso, blanco como una gran tarta de merengue y rodeado de un extenso jardín, propiedad del Patrimonio Nacional, en el que suelen alojar a ilustres visitantes extranjeros, invitados a cazar en el coto.

Como me suele ocurrir cada vez que salgo de viaje (siempre sufro algún percance), esta vez pillé un resfriado del que me queda algo de bronquitis todavía (vuelvo a pensar en el viaje de 1492, ¡cómo llegarían aquellos pobres marineros!)

Ya en casa retomo mi día a día y mis aficiones.

M.R. Comas (22-11-2011)

servido por María Rosa 3 comentarios compártelo

3 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Teresa Santomil

Teresa Santomil dijo

Hola Amiga te dejo un abrazo

22 Noviembre 2011 | 02:09 PM

María Rosa Comas Cerdá

María Rosa Comas Cerdá dijo

Un abrazo para ti también, Teresa.

22 Noviembre 2011 | 04:06 PM

María Rosa Comas Cerdá

María Rosa Comas Cerdá dijo

Un abrazo para ti también, Teresa.

22 Noviembre 2011 | 04:06 PM

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