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La Coctelera

mrcomas

12 Febrero 2012

Cuando el corazón te acerca y el cerebro te distancia.

 Ayer nos reunimos unas amigas, muy buenas amigas, a comer en casa de una de ellas (una cariñosísima y encantadora persona), en una urbanización de la sierra de tramontana, bajo los picos nevados de las montañas, con un límpido cielo y un aire tan limpio y tan frío que nos hacía reír de pura sorpresa, aquella temperatura nos sacaba, sin querer, de la isla de Mallorca.

A la anfitriona le llevamos como presente una orquídea de un morado tan brillante que hacía afianzar nuestra condición de féminas convencidas. Ella se había esmerado en prepararnos una mesa de colores primaverales, junto a un ventanal de pura sierra, unos entremeses muy apetitosos y un arroz "brut" delicioso, acompañado todo de un tinto mallorquín muy bien elegido. Al final llegaron los postres, brindamos con cava y nos encontramos felices de estar juntas y animadas. Hubiéramos continuado así para siempre jamás, como si hubiéramos encontrado un cálido y sencillo paraíso.

Pero... todo lo humano es imperfecto. La conversación fue fluida, tocamos muchos temas de todas las índoles pero triste y necesariamente, porque todas éramos diferentes, en tres ocasiones lo pareceres no eran compartidos. ¡Normal! Una de mis amigas, que no le gusta nada, absolutamente nada, discutir, enmudeció hasta terminar pidiendo que cambiáramos los temas.

Temas de disparidad: la homosexualidad y su percepción por el resto de la sociedad, la muerte y su presencia en las diferentes culturas, y el papel social de la mujer ahora y antes, en Occidente en general y en España en particular.

Una parte del grupo, consideraba que los homosexuales tendrían que dejar sus manifestaciones gais para la intimidad y cuanto menos se les notase mejor: las parejas no deberían expresar sus afectos en público ni hacer el ridículo en esas cabalgatas tan desagradables del día del Orgullo Gay y naturalmente nada de adopciones ni matrimonio. Se podía ignorar la homosexualidad pero no el mariconeo.

Una sentía malestar por hablar de la muerte, se entristecía tanto porque había tenido muy duras experiencias y a solas pensaba mucho en ello, nos pidió que habláramos de cosas más alegres. El resto pensábamos que necesitaríamos normalizar esta realidad porque todos estábamos sujetos a ella, por lo que nos parecía más sano tenerla asumida. Recordamos que en todas las culturas, desde las más antiguas, la muerte aparecía como un imprescindible, por obligado, en nuestras vidas. Pero por respeto y cariño cambiamos de tema.

Sobre la evolución del sexo femenino (creo que lo de género se refiere a lo gramatical y no a lo humano), con su primera parte de revolución que incluyó mártires, a la mujer le quedaba aún  mucho camino, en primer lugar porque no todas las mujeres de todas las culturas habían podido recorrer  lo caminado por las mujeres occidentales. Y así y todo, la occidental no había conseguido la igualdad total por la propia bioquímica  y las costumbres tan enraizadas  que no lo permitirían. Alguna ponía más énfasis al respeto a las culturas que al respeto a la mujer como ser humano.

Pero vuelvo a reivindicar la amistad de las mujeres cuyas formas y maneras compartimos tanto, y momentos tan gratificantes e interesantes como el de una discusión entre amigas.

 Palma de Mallorca: 12 - febrero - 2012

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